Sobre la vida adulta

Decidí ordenar el apartamento en el que vivo hace dos años. No sé de dónde salió, de cuál viaje o cuál feria, pero junto al Tristam Shandy y Cocina práctica vegetariana estaba el libro que le da título a este texto. Un libro corto de tapas verdes impreso en buen papel (fuente con serifa). Les dejo dos de mis momentos favoritos después de una breve hojeada:

«Otra de las diferencias clave entre el adulto y el niño tiene que ver con el llanto. Los niños lloran sin importar la hora y el lugar, sin prestar importancia al volumen (sonoro y espacial) del llanto; tampoco les parecerá problemático terminar hechos un manojo de mocos y párpados hinchados.

Ahora bien, el adulto responde a presiones sociales y está influenciado por la imposición tradicional de los roles de género; el llanto se vuelve un momento aún más complicado. No es recomendable llorar en público, no en la calle, no en el autobús, no en el centro comercial. Para ello el adulto tiene tres opciones recomendables: 

1. El baño de la oficina o sitio de trabajo. Una entrada rápida a uno de los cubículos, agachar la cabeza, deformar el rostro, desprender un llanto silencioso. Los niveles de serotonina aumentan al saber que ese tiempo te lo está pagando la empresa u organización que seguramente es una de tantas culpables que ayudaron a romperte. A la salida del cubículo hay un espejo, un lavamanos y toallitas de papel para recomponerse un tanto.

2. La habitación. El sitio del llanto y todas las otras acciones privadas (Ver página 23) por excelencia. Basta con cerrar la puerta y presionar el botón de seguro para dejarlo ser, que fluya. Si se quiere ser más ruidoso y subir el drama a otro nivel, vendrá bien desplomarse sobre la cama, enterrar la cara en una almohada y sollozar a gusto sin tener que revelar la tristeza a todo el vecindario.

3. El coche. Está autorizado socialmente siempre y cuando no se encuentre en movimiento. Conducir con los ojos aguados es posible, conducir en medio de un ataque de llanto jadeante es peligroso, posiblemente ilegal. Te subes al auto, cierras la puerta y ya está, el aislamiento de la cabina te permite gritar y patalear a gusto. Si posees un coche con vidrios oscuros, puedes pasar horas en esa suerte de auto-terapia (…)»

Todo el librillo está escrito con ese tono. Algunos pasajes son realmente prácticos para el manejo de la ansiedad como este:

«(…) al entrar en la oficina donde se realiza la entrevista de trabajo recuerda que el mundo laboral actual es 75% teatro. Las personas que te entrevistan rara vez saben qué están haciendo, de hecho, viven con el miedo constante de que algún día sean descubiertos por sus colegas o mandos superiores y les corran a patadas de su coloca. Seguramente tú tampoco sabes bien de qué va el cargo al que te has presentado, pero la convocatoria tenía buena pinta y necesitabas el dinero. El olor que sientes una vez dentro de la oficina es el de la farsa. Recuerda esto: todos necesitamos la pasta. El truco está en mostrarte seguro, amable, pero sin sobreactuarte ni pasar al ultrateatro. 

Si solo tienes un entrevistador debes ser amable, pero también humilde, dar la impresión de que sabes algo, pero no tanto como para convertirte en un personaje que ponga en riesgo la posición de tu entrevistador al interior de la compañía. ¡Es más, que piense que ha encontrado un aliado en ti!, alguien que pueda enseñarle a utilizar Excel e impedir que su jefe le descubra.

Si hay más de un entrevistador, puedes darte algunas licencias a la hora de montar tu farsa. Si te vendes como el tío más vanguardista, asentirán con la cabeza y cuando salgas del lugar discutirán acerca de cómo lo has hecho. Ellos sabrán reconocer en ti a un farsante, pero no se atreverán a poner el tema sobre la mesa por aquello de «tener cola de paja y acercarse al fuego» (…)»

Uso los zapatos hasta que se les desprende la suela, tengo camisas de tiendas que cerraron hace más de nueve años… El consumismo me contagió en forma de libros porque siempre di con páginas que supieron exponer con sencillez las emociones humanas. Cuando estoy triste encuentro algo divertido en mi biblioteca donde hay libros que no he leído del todo, que no he sacado del vinipel, libros de origen desconocido. Los atesoro, los acumulo, sé que es una enfermedad, pero la asumo con dignidad.

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